Pequeños ajustes en tu rutina que regulan el sueño, el estado de ánimo y el metabolismo.
Cada célula de nuestro cuerpo tiene un reloj. Estos relojes internos, estudiados por la cronobiología, regulan la producción de hormonas, la absorción de nutrientes, el estado de alerta y la necesidad de descanso.
Cuando vivimos en contra de este ritmo (pantallas hasta tarde, comidas irregulares, poca exposición a la luz natural por la mañana), el cuerpo entra en un estado de desregulación que afecta el sueño, el estado de ánimo, el metabolismo y el sistema inmunitario.
La buena noticia es que los pequeños cambios tienen un gran efecto: 10 minutos de luz natural al despertar, cenar más temprano, regular la hora de acostarse y evitar la luz azul por la noche son intervenciones sencillas y eficaces.
Trabajar con la cronobiología consiste, fundamentalmente, en volver a respetar el ritmo natural del cuerpo. Y eso lo cambia todo.

